Hola amigas y amigos, ¿cómo están? Como ya les he platicado con anterioridad, llevo más de trece años haciendo network marketing. A lo largo de estos años me he llegado a dar cuenta por qué algunas personas no tienen éxito en el negocio. La primera razón es que muchos no permanecen el tiempo suficiente, pues hay que quedarse para lograrlo. La segunda razón es porque hay quienes se sabotean mucho a sí mismos, y es necesario dejar de hacerlo para lograr todos nuestros sueños. Todos tenemos principios, valores, amistades, pero, ¿por qué en cuestión de dinero hay quienes se atoran tanto si es lo más barato de la vida? Esto es porque en ocasiones permiten que otras personas les metan la idea de que no pueden o de que no valen.

En mi caso, en la época en que fui madre soltera, te quemaban en leña verde. A mí me decían: “deja de decirle a tu hija que va a poder ir a la misma universidad que sus amigas”. Yo viajaba en transporte público, y me decían: “deja de decirle a tu hija que un día van a tener un auto”. Siempre que pagábamos renta, escuchaba: “deja de decirle a tu hija que un día vas a tener una casa…” ¿Sabes cuántas veces escuché?: “deja de decirle a tu hija, porque con lo que tú ganas no vas a poder”. Antes de eso yo era una soñadora empedernida, pero un día dije: “tengo que parar, a lo mejor todos tienen razón”. Y dejé de soñar, ya no le dije más cosas a mi hija; me volví más callada, triste; la alegría se me quitó.

Pasó el tiempo y un día escuché la historia de un pajarito que se le acercó a otro que estaba llorando. El primero preguntó al segundo el motivo de su llanto, y cuando el que lloraba volteó a verlo, se dio cuenta que no tenía un ojo. El primer pajarito, al ver que el otro no tenía un ojo, dijo: “con razón estás llorando”. Pero el que lloraba le contestó: “estoy llorando porque dejé que me sacaron el ojo, no porque me lo hayan sacado”. Cuando escuché este cuentito me dije: “¿qué hice que dejé de creer en mí?”. Puse un alto, dije: “no más, no voy a escuchar todo lo que me dicen”.

Tienes que dejar ese tipo de pensamientos, dejar de escuchar lo que te dicen, porque no te lleva a ningún lado. Quiero que saques al héroe que eres, capitalízalo, date un aplauso por todo lo que haces. Lo único que le falta a tu historia es el dinero, ¡lo demás ya lo tienes! Que el Señor te guarde y nos vemos pronto. 

Hola amigos ¿cómo están? A veces, cuando me siento cansada, me pregunto: ¿por qué sigo trabajando?, ¿por qué estoy tan cansada?, ¿por qué no paro? Puedo parar, gracias a Dios hace mucho tiempo pude haberme retirado. Pero también me vino a la mente y al corazón una pregunta: ¿qué sentido tendría mi vida, si lo que doy, lo que soy, no se lo comparto a nadie o no le sirve a nadie? Me di cuenta que mi trabajo es el sentido de mi vida, compartir mi experiencia y mi historia, enseñar por dónde he pasado y de dónde he salido.  

Ahora que salió mi libro llamado ¡Lo tengo que hacer!, me di cuenta que mi trabajo y todo lo que he vivido le han dado sentido a mi vida.  Te invito a que tú identifiques cuál es el sentido de tu vida, porque solamente vamos a pasar una sola vez por este mundo. Debemos asegurarnos de que lo que estamos haciendo tenga un significado para vivir, de que lo que estamos pasando, ya sea dolor, alegría o comodidad, tenga un sentido de vida para nosotros y para otros. Hay que darle fuerza a nuestra vida, hay que saber cuál es ese sentido para ver a dónde vamos. ¿Te gusta lo que haces?: síguelo haciendo y hazlo cada día mejor. ¿No te gusta?: cámbialo, porque mientras estemos respirando, mientras tengamos vida, tenemos la oportunidad de cambiar nuestro rumbo.

Tengo 13 años en un negocio de redes de mercadeo y te va a extrañar lo que te voy a decir: ¿es un extraordinario negocio?, sí. Pero no es el único que existe en la vida: ser empleado es excelente, tener otro tipo de trabajo que no sea el network marketing es excelente, también tenerlo es excelente; siempre y cuando todo lo que hagamos le dé un motivo a nuestra vida y que además pueda impactar a otros. Siempre he sabido qué quiero, a dónde voy y qué quiero hacer; eso le ha dado valor y determinación a mi vida. Agradezco a Dios que me pone el hacer y el querer en el corazón para compartirles lo que soy, lo que tengo y lo que hago. Que el señor los guarde, los veo muy pronto. 

Hola amigos ¿cómo están?  Les voy a contar un cuentito:

En un pueblo, todos se dedicaban a cultivar árboles frutales. De repente vino una sequía muy grande: los árboles frutales, y todo, se acabó. Pero hubo una finca en donde los árboles seguían dando frutos, seguían verdes y dando la fruta que tenían que dar. La gente del pueblo fue a preguntarle al dueño de ese lugar por qué sus árboles seguían produciendo durante esa sequía tan espantosa. Él les dijo que desde que los había plantado había periodos en que los dejaba sin agua, obligándolos a que las raíces se fueran a buscarla a profundidad. Cuando veía que los árboles ya no aguantaban, les daba agua otra vez, y así fue un proceso de muchos años en donde obligó a los árboles, por falta de agua en determinado tiempo, a echar sus raíces a profundidad. Y en ese momento, que estaban en una sequía tremenda, los árboles ya no tenían ningún problema.

Creo que la vida es eso. A través de 62 años en numerosas ocasiones me quedé sin agua. Durante muchas sequías, mientras echaba raíces, pensé que no iba a salir de ahí. Pero, ¿saben una cosa?, hoy mis raíces son tan profundas que el agua ya no falta. Así que te dejo esta historia a ti, que estás pasando por alguna sequía, para que recuerdes que va a llegar un momento en que de verdad va a haber abundancia de agua, que no vas a necesitar nada más.

No olvides que cuando no hay agua tus raíces están yéndose a profundidad para tener después agua en abundancia y saber que valió la pena pasar por ahí. Les deseo lo mejor, que el Señor los guarde y los veo pronto. 

Hola amigas y amigos. Hoy el mundo está dolido, está necesitado, y por esa razón quiero decirles que las personas que estamos en paz, en tranquilidad y en prosperidad, tenemos la obligación de ser un soporte para otros, aunque tal vez ni los conozcamos.

Hay que darles la mano a los demás. Necesitamos transmitirles nuestra paz, decirles que nuestra historia una vez nuestra estuvo mal y ahora está bien. Si tú estás en prosperidad, en cualquier área de tu vida: en la emocional, en la salud, en la mental, en la que sea, yo te pido que compartas con otros tu sabiduría, tu experiencia, tu alegría. Acércate a tocar a los necesitados, acércate a darle a quien no tiene.

Acércate a alguien –aunque a ti no te haya pasado algo, pero creo que a todos nos ha pasado- y dile: “hoy es un buen día para empezar”. Todos los días es un buen día para empezar. Yo creo que Dios puso el día, las semanas, los meses y el año con el propósito de recordarnos que todos los días podemos volver a empezar.

Así que ¡sé una alegría para alguien más! Nos vemos pronto y que el Señor los guarde.

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